Una mirada a las enfermedades infecciosas en la infancia

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Niña resfriada en consultorio médico muestra Enfermedades infecciosas.

A pesar de todos los adelantos científicos técnicos las infecciones se mantienen como causa importante de morbimortalidad en el mundo y en no pocas ocasiones han sido tema central en algunas manifestaciones del arte como la pintura y la literatura. La Dama de las Camelias, excelente novela de Alejandro Dumas, en donde su protagonista padece y muere de tuberculosis, es un ejemplo contundente. 

Las enfermedades infecciosas son frecuentes en los primeros años de vida. En esta etapa los niños son más vulnerables a tener infecciones; su sistema inmunológico aún no está totalmente desarrollado y se encuentran en un período de inmunodeficiencia transitoria que los hacen más susceptibles a estas enfermedades, incluso algunas que ponen en peligro su vida. Es en esta etapa donde la protección  materna juega su papel inicial, no sólo en el ámbito afectivo sino también por los anticuerpos que puede transferirle como memoria inmunológica de un grupo de infecciones que haya padecido. En este sentido la lactancia materna juega un papel fundamental. No es un slogan que sea la primera vacuna que recibe un niño, a través de ella se transfieren anticuerpos maternos que lo defenderán contra enfermedades virales, bacterianas y parasitarias.

Imagen Virus alrededor del planeta

Factores asociados al desarrollo de enfermedades infecciosas:

Para desarrollar una enfermad infecciosa no solo es necesario la presencia de un microorganismo capaz de infectarnos, también depende de características del huésped que favorezcan este proceso. Existen numerosas condiciones que propician la aparición de estas enfermedades y son los llamados factores de riesgo a los que nos referiremos brevemente.

Las estaciones del año están relacionadas con los procesos infecciosos, así tenemos que durante el invierno las enfermedades respiratorias tienen un roll importante, en tanto en el verano predominan las enfermedades digestivas.

La edad y el sexo constituyen factores de riesgo; los menores de cinco años, en especial los menores de un año y el sexo masculino son más susceptibles a enfermar por cuadros infecciosos.

Los pacientes inmunosuprimidos ya sea de causa primaria o secundaria debidas al uso de medicamentos o por la presencia de una enfermedad oncológica (tumores malignos), hematológica (leucemias) o por que vivan con VIH/SIDA, desarrollan infecciones con mayor frecuencia que el resto de la población. En ellos el tratamiento de las enfermedades se complejiza y generalmente se hace necesario realizar quimioprofilaxis para un grupo de infecciones a las cuales son más susceptibles.

El hacimiento y las malas condiciones higiénico-sanitarias también favorecen las infecciones. Las enfermedades respiratorias entre ellas la gripe y la tuberculosis están muy relacionadas a estos factores, tan solo por mencionar algunos ejemplos.

Imagenes de niña enferma en cama, virus en el aire, bacterias, bebé recién nacido, árboles en invierno.

La urbanización no planificada de la población y el abasto insuficiente de agua constituyen otros elementos para el desarrollo de enfermedades infecciosas. Las enfermedades de transmisión digestiva como las diarreas son un ejemplo fehaciente. Se ha demostrado que el consumo de agua segura y el lavado frecuente de las manos son condicionantes que disminuyen la transmisión de enfermedades, no solo en la comunidad sino también en instituciones de salud.

La coexistencia de algunas enfermedades, congénitas o no, también favorecen la balanza hacia las infecciones. Los niños con necesidades especiales son muy propensos a estas enfermedades, así tenemos que un grupo de cardiopatías congénitas en el niño favorecen las infecciones respiratorias y patologías crónicas como la diabetes mellitus son detonante de las mismas.

Los niños con parálisis cerebral infantil (PCI) son susceptibles a presentar infecciones respiratorias, fundamentalmente neumonías. La inmovilización y posturas viciosas que se asocian a su patología y la debilidad muscular favorecen la acumulación de secreciones en el aparato respiratorio. En estos niños la atención especializada y la fisioterapia respiratoria se convierten en pilares fundamentales para su seguimiento. Aquí los Centros de Atención Pediátrica Extendida Prescrita (PPEC) pueden ser de gran ayuda.

Enfermedades infecciosas y su repercusión:

Numerosos son los microorganismos que causan enfermedades infecciosas. Las bacterias, virus, hongos y parásitos son la causa de estas enfermedades y pueden afectar cualquier órgano o sistema. Algunas de las epidemias que han sido devastadoras para la humanidad como la peste, la gripe española y muy recientemente la Covid-19 son ejemplos de cuán peligrosos pueden ser estos microorganismos para el hombre.

Refiriéndonos a la población infantil la gripe y neumonía se consideran dentro de las infecciones respiratorias más frecuentes, incluso se reportan entre las primeras causas de mortalidad sobre todo en países en vías de desarrollo.

Imagen de virus

La otitis media aguda y la infección del tracto urinario son patologías frecuentes en la población pediátrica, fundamentalmente durante el primer año de vida y son enfermedades a tener en cuenta ante un cuadro febril sin foco.

Las infecciones del sistema nervioso central (meningoencefalitis y encefalitis) tiene un cortejo sintomático muy característico (fiebre, cefalea, vómitos, alucinaciones, convulsiones) aunque en el niño muy pequeño pueden debutar con fiebre, irritabilidad y rechazo al alimento; en el recién nacido siempre debe descartarse ante un cuadro febril.

Las infecciones de trasmisión sexual continúan en ascenso. Son los adolescentes la población más vulnerable. El sexo seguro y una adecuada educación sexual serían esenciales para evitarlas. Las consecuencias que se derivan de estas enfermedades pueden ser irreparables, además de la afectación psicológica a que se exponen por la repercusión social que tienen.

Imágenes de niña enferma, pareja triste

Las complicaciones derivadas de estas enfermedades son capaces de llevar a la invalidez a muchos pacientes, no solo desde el punto de vista motor sino también en la esfera cognitiva. La otitis medias a repetición pueden ser causa de sordera a largo plazo, las infecciones del tracto urinario pueden llevar a cicatrices renales y posteriormente a insuficiencia renal aguda, las infecciones del sistema nervioso central pueden desencadenar status convulsivo, retraso mental y en ocasiones la muerte y por último las neumonías pueden deteriorar drásticamente el tejido y la función pulmonar siendo necesario en ocasiones
el abordaje quirúrgico y en casos extremos la resección de un segmento pulmonar.

Evidentemente es la fiebre el primer signo de las infecciones, aunque no siempre se deben a esta causa, hay otro grupo de enfermedades que debutan con fiebre como son las enfermedades tumorales, hematológicas y enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, entre otras.

Una parte importante de las enfermedades infecciosas son de causa viral y generalmente evolucionan favorablemente. El uso de antitérmicos y el aumento en la ingesta de líquidos son medidas básicas, sin embargo, debemos de tener en cuenta un grupo de síntomas y signos que nos hacen sospechar gravedad ante un proceso infeccioso. La fiebre alta y mantenida con toma del estado general, el cambio de coloración de la piel (palidez o cianosis), cambios en el nivel de conciencia (irritabilidad o somnolencia), convulsiones, diuresis escasa, dificultad respiratoria, distención abdominal, frialdad distal, taquicardia, pulsos débiles, entre otros, hacen sospechar que estamos en presencia de una enfermedad grave. La conducta adecuada será acudir de forma inmediata en busca de atención médica.

Imagen de bacterias

Un grupo importante de enfermedades infecciosas son prevenibles. La vacunación infantil reviste un papel importante en este sentido. Contrariamente a todos los argumentos de los grupos antivacunas que revolucionaron los medios, las vacunas siguen siendo una de las formas más efectivas para reducir la mortalidad por enfermedades infecciosas.

Desafortunadamente la Covid- 19 propició un terreno desfavorable para el cumplimiento de los programas de vacunación a escala global. El confinamiento y el temor de acudir a centros hospitalarios hicieron posible que las tasas de vacunación disminuyeran de forma importante.

Hoy estamos asistiendo a la reemergencia de un grupo de enfermedades infecciosas. Los casos de sarampión, tosferina y poliomielitis han ido increscendo. Volver a épocas en que los niños morían por tosferina o neumonías hemorrágicas por sarampión sería una derrota, aún más cuando contamos con herramientas que han demostrado a través de los años su eficacia.

No es menos cierto que las vacunas no protegen en un 100%, pero hacen posible que la población susceptible a enfermar disminuya, creando así mismo la llamada inmunidad de rebaño. Cuando un niño vacunado enferma, la expresión de la enfermedad que previene será menos florida y a su vez más difícil que presente una forma grave. En ocasiones esta situación no depende de la vacuna en sí misma. En el proceso de vacunación intervienen muchos factores, desde el vacunador, las condiciones en que se transportan y almacenan las vacunas, así como la técnica utilizada.

Imágenes de persona vacunándose, mujer con barbijo, virus y bacterias

Dentro de los cinco primeros objetivos de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible se encuentran: poner fin a la pobreza, eliminar el hambre, lograr salud y bienestar para todos, tener una educación de calidad y lograr la igualdad de género.

Estos elementos de una u otra forma contribuyen a combatir las infecciones. El proceso salud-  enfermedad es complejo. El estado nutricional y la estabilidad emocional son factores que influyen de forma significativa en la salud del hombre. Como hemos señalado las condiciones socioeconómicas son determinantes en este sentido.

En conclusión

La prevención y promoción de salud se erigen como pilares fundamentales para el control de las enfermedades infecciosas. Los microorganismos se desarrollan y adquieren mecanismos de resistencia mucho más rápido que la producción de un nuevo antibiótico o vacuna.

Que nuestros niños se desarrollen de forma plena y feliz depende de nosotros. La educación sanitaria a madres y otros familiares sería el instrumento ideal para que los niños llegaran de forma oportuna a los centros hospitalarios. El reconocimiento de elementos de gravedad por los padres y médicos de atención primaria serían de gran utilidad para una atención precoz cuando enfrentamos una enfermedad infecciosa grave.

La existencia de Centros especializados para la atención a niños con necesidades especiales constituye una fortaleza para lograr mejor calidad de vida en este grupo de niños a través de una atención especializada e individualizada.

Confiar en nuestras vacunas y asistir a las consultas planificadas son dos elementos sobre los que descansa la salud de nuestros niños.

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MSc.Dra. Ileana Alvarez Lam

Pediatra Infectóloga

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